Sumar años se volvió una promesa fácil de enunciar y difícil de habitar. En esta conversación nos detenemos en lo que una vida más larga necesita además del tiempo: vínculos, proyectos chicos, descanso y la posibilidad de seguir eligiendo.
No proponemos un programa. Preguntamos qué parte de esa promesa se parece a una vida concreta y qué parte es solo una cifra. El sentido no se prescribe, pero se puede conversar.
La duración importa menos cuando no sabemos qué queremos sostener.


