Cuando el día ya no tiene huecos, el movimiento se vuelve otra tarea. La intención puede ser genuina y, aun así, chocar con el horario, el cuidado de otras personas o el simple hecho de estar cansado.
Una práctica que quepa
Pensar el movimiento desde lo posible no es rendirse. Es preguntar qué forma de habitar el cuerpo se puede sostener sin convertir la constancia en una prueba de carácter.
Caminar, estirarse, bailar en la cocina o salir un rato no son equivalentes, y no hace falta ordenarlos en una escala. Alcanza con reconocer que el cuerpo también vive en un calendario.

